profecías
Publicado por revistapostales en Diciembre 5, 2007
La noticia apareció en el diario La Capital, el domingo 1º de julio de 1973, bajo el título “El eclipse solar se apreció nítidamente”. Era un recorrido por distintas ciudades y poblados del mundo, desde donde se había “disfrutado” de la vista de un eclipse de sol. En un recuadro, un cable de la agencia UPI relataba cómo habían reaccionado los pobladores de Loiyangali, Kenia, el lugar desde donde el eclipse se podía estudiar con más claridad, y hasta donde habían llegado, entonces, un grupo importante de científicos de todo el mundo.Dice la crónica: “Los científicos exploraron los secretos del sol y los tribeños creyeron que los astrónomos les habían robado el Astro Rey durante el eclipse solar. Los gallos cantaron al segundo amanecer del día y los sorprendidos pájaros levantaron vuelo desde las orillas del lago de verdes aguas rumbo a sus nidos, sin comprender por qué la noche había llegado tan pronto. Millones de flores cerraron sus pétalos durante la breve noche del eclipse y los volvieron a abrir al casi inmediato amanecer”. Como una temprana profecía de lo que apenas un par de años después se desataría sobre estos arrabales, el cable de la agencia UPI adivinaba el aturdido vuelo de nuestros pájaros perdidos en la noche del terror. La historia, gitana adivinadora, jugaba a leer en la geografía de nuestras manos el número de los pétalos caídos “en la noche del eclipse”. Dice la noticia de aquel 1973 que “el eclipse se extendió durante siete minutos”.
Siete años, del 76 al 83, duró la noche profetizada. Pero la profecía, que apenas presagiaba primaveras posteriores al eclipse, fracasó. Sigue el cable de la agencia UPI: “Mientras la gris franja de sombra pasaba a través del lago, las aterrorizadas mujeres de la tribu corrían hacia sus chozas y cerraban las entradas con chapas de cinc y cajas de cartón”. En nuestro largo eclipse del terror, las mujeres no corrieron a sus casas, a cerrar las entradas con chapas y cajas de cartón. La profecía fracasó.
En nuestro largo eclipse del terror, las mujeres desafiaron los presagios, se enfrentaron a quienes nos robaban el sol, y apenitas con un pañuelo blanco en las cabezas demostraron que la historia no es una gitana adivinadora, sino una lucha, a la que hay que aprender a ponerle el cuerpo.