el calabozo por asalto
Publicado por revistapostales en Diciembre 21, 2007
Mucho más cerca de las llamas que del paraíso, el campo argentino esconde un pasado que, en numerosos casos, hunde sus huellas en los archivos de la crónica policial. Por eso, la “toma” de comisarías por parte de obreros rurales es un tema obligado a la hora de remontarse a un tiempo violento, complejo. Centro y sur de Buenos Aires, registran sucesos de este tipo, balaceras, golpes y sangre incluidos, sobre todo entre los años 1918 y 1922.
En esas fechas, la zona se caracteriza por sus grandes extensiones sembradas y una menor presencia de familias agrarias que en otras regiones, de allí la cantidad de trabajadores asalariados en el lugar al momento de las cosechas. Los reclamos por jornales y condiciones laborales, sumados a la acción de las centrales sindicales – F.O.R.A (Federación Obrera Regional Argentina) y U.T.A (Unión de Trabajadores Agrícolas) -, dejan el terreno abierto a la intervención de la funesta Liga Patriótica Argentina y las policías locales, claramente influenciadas por terratenientes y empresas. Allí están para demostrarlo, con sus obvias diferencias políticas y de enfoque, ciertos medios gráficos: La Prensa, La Protesta, El Diario, La Vanguardia, Tribuna Proletaria, La Organización Obrera y La Razón, a los que pueden agregarse las investigaciones posteriores de Osvaldo Bayer y Eduardo Sartelli.
Lo que en varias ocasiones son presentadas como “tomas” de comisarías por los obreros, en realidad no son más que justificativos para desarticular a las organizaciones gremiales y a la fuerte campaña de los anarquistas en la provincia. Eso es lo que acontece en Cascallares, donde 4 braceros mueren al “apoderarse” de una subcomisaría y reclamar por la libertad de sus compañeros presos, previo choque con los oficiales. Tampoco queda claro el “asalto” que 1500 trabajadores protagonizaron en el comando policial de Tres Arroyos, o la emboscada en Jacinto Arauz que finalmente le cuesta la vida a 2 estibadores y 4 agentes del orden, sin dejar de mencionar a los peones asesinados en El Partido y El Perdido, nombres justos si los hay para una metáfora del gatillazo.
Al respecto, también se destaca la posición adoptada por el entonces gobernador de Buenos Aires, José Camilo Crotto, quien además de proyectar la compra de camiones y automóviles, propone una medida de alto vuelo de para enfrentar a los huelguistas: la creación de un cuerpo de aviadores que desde el aire se pliegue a la lucha.