Revista Postales

Periodismo hecho por periodistas

el prófugo del civil

Publicado por revistapostales en Julio 24, 2008

hasta altas horas de la noche proseguía vanamente la búsqueda que familiares, amigos y autoridades emprendieron desde el pasado jueves, momento desde el cual José Fugazza desapareció del Registró Civil donde se celebraba la unión matrimonial del mencionado Fugazza y Sara Mendizábal. De acuerdo al testimonio del camarógrafo del evento, todo marchaba en forma normal. La pareja se veía felíz, con una ansiedad lógica por el acostumbrado atraso en el horario, pero sin sobresaltos.

Cuando llegó su turno ingresaron a la sala entre risas: los padres de la novia, la madre del novio, testigos, familiares y amigos. La jueza comenzó a leer los derechos y las obligaciones de los contrayentes, y en ese momento Fugazza interrumpió la lectura porque, según dijo, necesitaba con urgencia ir al baño. La jueza supuso que los nervios le había jugado una mala pasada a José y accedió sin problemas al pedido. Los amigos del novio comenzaron a hacer las bromas típicas para el caso: “se arrepintió”, “este no vuelve más”, “Sarita andá a acompañarlo para que no se escape”. Mientras los minutos pasaban las risas se iban transformando en murmullo. El rostro de Sarita se ensombrecía. El suegro y el hermano de la novia comenzaron a tomar una mueca feroz… Entonces, el Tito trajo la confirmación de lo que todos habían empezado a suponer: “En el baño no está…”.

El padre y el hermano salieron como empujados por mil demonios. Sarita rompió en llanto. La jueza dasalojó la sala en medio del caos y el estupor de la concurrencia.

Nuestro equipo de producción fue el único medio presente en el lugar. En realidad, el cronista del C.A.P pasaba por ahí (venía de comprar yerba), y llamó su atención las corridas, los llantos y los insultos. En la vereda, en medio de la confusión pudo recoger algunos testimonios. “Ese muchacho nunca me gustó”, señalaba la tía Elvira, mientras tiraba arroz a una pareja que bajaba por las escaleras. Don Antonio, el abuelo de Sarita, preguntaba si la picadita en la casa de los novios se habría suspendido. El camarógrafo preguntaba quien pagaría su trabajo. La madré del novio preguntaba “qué le habrá pasado al nene”. El padre y el hermano de la novia preguntaban cuál era la armería más cercana. Y nuestro cronista se preguntaba por qué José Fugazza habría tomado semejante decisión…

Mientrás volvía a su casa, el periodísta recordó una leyenda escrita en una viaja pared del barrio Azcuénaga por algún Cachilo desengañado que decía: “El matrimonio no mata al amor, simplemente lo devalúa”, o aquelo de que el años 2000 nos iba a encontrar “felices y casados”. Recordó también a un personaje de Alejandro Dolina que se preguntaba ¿Cuánto tiempo pueden estar juntos un hombre y una mujer sin aburrirse? “… Dos horas, tres…” Se animaba a arriesgar… Cuando le contaste que fuiste goleador en el torneo Evita, que te ganaste una tabla de planchar en una kermés, y que una vez salió tu foto en la página de sociales junto a tus compañeros de primaria cuando hicieron una visita guiada al diario “La Tribuna”, se te terminaron los temas interesantes, y ya no te queda de que hablar.

Sin embargo, más allá de todas estas profecías, y de la decisión tomada por José Fugazza, la gente se sigue casando. Multitudes tercas, empecinadas y hasta con cierto grado de necedad confían en el matrimonio. Así lo manifiesta una encuesta encargada por el C.A.P  al desconocido estadista Waldino Aguirre (alias Numeracho) que señala: De cada 40 tipos que se casan, 20 lo hacen amenazados por hermanos o algún familiar de la novia, 7 porque perdieron una apuesta, 3 porque la mina tiene guita, 9 porque necesitan a alguien que les cocine y 1 refiere a un amigo del encuestador que se casó enamorado. La frialdad de estos números no alcanza para atenuar el llanto de Sara Mendizábal, y sigue preguntándose como hará para enfrentar mañana las miradas intrigantes de las vecinas que, mientras barren la vereda, murmuran por lo bajo acerca del destino de los regalos. El cronista llega a su casa. Su mujer le reclama por la canilla del lavadero que no deja de gotear, le dice que su hijo es un malcriado que la volvió loca y que no hace caso, que la plata no le alcanza, y que hay que cortar el césped del patio. Entonces, encuentra todas las respuestas.

Una respuesta para “el prófugo del civil”

  1. weyba10 escribió

    Bueno… una vez más el señor Sappietro me deleita con sus crónicas… Simplemente aprovecho este espacio, el cual desconocía hasta que el amigo Facundo me avisó de su existencia, para decirle al autor de la Causa Aparentemente Perdida de turno que disfruto mucho de su sección… quizá una de las que más placer me ha suscitado en mi escaso conocimiento del mundo periodístico y revisteril.
    Además, un enorme saludo para los muchachos de la revista… Jorge, Matías, Ariel Palacios… y por supuesto… Facu… el amigo Weyba le saluda y le manda sus respetos…

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