Revista Postales

Periodismo hecho por periodistas

puestos a la sombra

Publicado por revistapostales en Julio 29, 2008

la colaboración y complicidad que ha existido, desde antes que estos pueblos fueran levantados, entre establecimientos vinculados con el poder departamental y encargados de conservar destierros, siguen tejiendo hoy una historia recordada, que descubre sólo lo que conviene mostrar.

duarante tres décadas de nuestra historia, los agentes y los altos funcionarios de la policía del Departamento Constitución no fueron ajenos al control del orden social, y tampoco a las abusos y extorsiones. Por eso, quizás, no asombra que en el año 1939 se haya denunciado al Comisario Gorrochategui, entonces Jefe de la Policía departamental como “capitán de una banda de facinerosos que operaba en el departamento, instigador de media docena de asesinatos y quién sabe cuántos más que aún no se saben, estafador con un título de prpopiedad ajena, y que le robara al escribano Pizzorno de Santa Teresa, según declaraciones del mismo escribano, ladrón de hacienda, ejecutor de fraudes electorales, y robos de libretas y autor de cuanto delito de resonancia se cometía en la zona”. Este hombre cobraba un sueldo como Jefe policial de $175, sin contar lo obtenido de los ilícitos cometidos.

El principio de esa misma década del ‘30 estuvo marcado por un hecho que saría el preámbulo a las represiones populares que se levantarían de allí en adelante. “Por primera vez la policía hizo uso de los gases lacrimógenos. Mediante ellos se logró restablecer la tranquilidad entre varios detenidos de la cárcel de contraventores de V. Devoto”. Había allí alojados 174 hombres, remitidos en la sección Orden Social de la División de Investigaciones. Todo comenzó cuando un celador intentó “aplicar un correctivo disciplinario a uno de aquellos, que había faltado el respeto a un agente de la guardia. Inmediatamente los demás detenidos en señal de protesta, comenzaron a proferir gritos desaforados”.

Tal vez por eso nadie se molestó en averiguar demasiado cuando en febrero del 1939 un informe de la localidad de Villa Constitución relataba que “días pasados un policía golpeó brutalmente a un detenido por haberse negado éste a hacer la limpieza en el local de la Jefatura (…) La orden impartida por un policía de apellido Romero, provocó la consiguiente negativa de éste, lo que puso fuera de sí a dicho policía que solamente atinó a emprenderlo a golpes”. Ángel Saggese, superior del agente nombrado, dispuso que se mande al rea a hospitalizar y constatar las heridas. Los doctores de la Jefatura, López y Marzorati, acotaron que fueron lesiones leves: según ellos, el hombre detenido, Lucio López, fue hospitalizado debido a una afección de apendicitis. Para esos días también Jorge Magioni, sin haber cometido delito grave, estuvo 5 días preso e incomunicado.

Pero la Jefatura policial para ese año tuvo otra cuestión más urgente que considerar, como fue el caso del ordenanza Ferreyra. Éste apareció muerto de un disparo dentro de la institución. Una serie de extrañas circunstancias rodearon su muerte: por ejemplo, el revólver que se encontró junto al cuerpo agonizante no era el de él. Es entonces cuando por crónicas detalladas por los mismos agentes que trabajaban allí se difundió que “maniobras dolosas de que se hacía objeto al personal de la Jefatura con el descuento de vales a un interés usurario (…) a fin de pagar los sueldos con el descuento de interés elevado, el ordenanza había contraído deudas que luego no había podido solventar. Se trataría del desenlace de un oscuro drama de usura desarrollado en la misma Jefatura”.

Tampoco se puede ignorar como desenlace oscuro otros casos que ocurrieron más al sur del departamento. Para ello la ubicación es el mes de septiembre, el año 1934. “Una grave acusación pesa sobre el comisario de Alcorta” era el titular de un medio de la región. El indicado en este caso era el comisario Delgado, apoyando con su autoridad a una fracción de socios de la Sociedad Española de S. M. (…) habría llevado a cabo un atropello inaudito contra los fueros de los socios disidentes que exigían en la Asamblea General Ordinaria que se realizaba, cuenta de lo actos a la Comisión Directiva, obligando a éstos a hacer abandono del salón”.

Pero volvamos al jefe de la policía antes nombrado, el comisario Saggese. Periodistas del departamento le remitieron una carta detallando las irregularidades que cometía la fuerza a su cargo, denunciando “que en la estación de servicio situada en las calles Corrientes y Córdoba de propiedad del Sr. Comisario Gral. Salusso, llenan sun tanques para varios días. Qué según el Comisario de Stephenson manifiesta a gritos que según usted este diminuto pueblo tiene que rendir $70 de coima. Que los 4 comercios que existen permanecieron cerrados varios sábados y domingis, hasta que 2 de ellos decidieron pagar lo establecido y abrir sus puertas en perjuicio para lo otros dos que tienen que permanecer cerrados”.

Para que tales actos de impunidad se tejieron en esta zona hace más de sesenta años, y a través de la oscura sombra de la indiferencia sigan acechando este presente, fue necesaria, indudablemente, la conveniencia entre una historia solo conservada en las instituciones y la faceta invisible de quien manejó el poder a su gusto. El resultado fue esta Pampa, regada de ausencias.

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