Clase media argentina: ¿es o se hace?
Publicado por revistapostales en Diciembre 31, 2008

Se declara progresista pero vota a la derecha, jura que respeta la ley pero la transgrede cada vez que puede, vive con la calculadora en la mano, culpa a los políticos por todos sus males, y la cacerola es su instrumento musical favorito. Los rasgos de identidad de una clase que marca el humor social en Argentina.
Salió a la calle con Galtieri y las Malvinas, con Alfonsin en pascuas, con la asunción de la Alianza, con las cacerolas en la caída de De la Rua, con las velas de Blumberg y con los dueños de los campos que rechazaban las retensiones.
Pronósticos
Argentina tiene una población de casi 40 millones de habitantes. Sus pobladores somos resultado de la gran ola de inmigración italiana y española, sucedida entre mediados del siglo XIX hasta la mitad del XX, más el mestizaje de estos con una población local. Históricamente el país ostentó un 80% de clase media. Sin embargo, las sucesivas dictaduras militares, los procesos inflacionarios, las políticas neoliberales de la década del ‘90 y la profunda crisis económica de 2001, empobrecieron a los sectores medios hasta tal punto que en 2002 tan solo el 20% de la población pertenecía a la clase media. Todos los pronósticos indicaban que esta clase se iría “extinguiendo” progresivamente. Pero, a partir de 2003, una reducida porción de argentinos recuperó su poder adquisitivo. Y parece haber subido ese pequeño peldaño que le permite pertenecer a la clase media argentina.
Diferencias
Alfredo Grande, psicoanalista y médico psiquiatra, hace una interesante caracterización de la clase media argentina. “En primer lugar podríamos hacer una diferenciación entre lo que es la clase media como un viaje de ida y como un viaje de vuelta. En el primer caso tiene que ver más con la idea de modernidad, con la idea de ascenso social, que el ahorro es la base de la fortuna, la idea de que el hombre trabaja para ganarse el pan, con aquello de empezar de abajo”. Allí ubica Grande el momento donde se da el pasaje de clases humildes y trabajadoras a integrar los sectores medios. Aquellas personas que “venían a hacerse la América”, producto de la inmigración europea y también de los grandes desplazamientos de masas desde el interior del país. El viaje de regreso de la clase media al que se refiere el psicoanalista, se da en 1975, con el Rodrigazo. “Ese sería el momento de la debacle, es decir, sectores altos que se empobrecen y tratan de agarrarse de la clase media como puedan. En este viaje de regreso, aparece un simulacro de clase media totalmente dependiente de las clases altas. Surge una nueva clase media que es directamente parásita de la clase alta”.
Sueños y realidades
Durante la década del ‘70 los sectores medios argentinos paseaban por Europa y gastaban su dinero en electrodomésticos, mientras miles de fábricas cerraban sus puertas. Pero a la clase media no le importó. En la década del ‘90 se conocieron grandes migraciones de estos sectores a los shopping de Miami, vacaciones a Punta Cana con sistema “all inclusive”, compras de camionetas con doble tracción e inmuebles al estilo Dallas en barrios amurallados de las grandes ciudades. Mientras tanto las empresas públicas eran rematadas al peor postor extranjero y la pobreza y la indigencia crecían de manera estrepitosa. Pero a la clase media no le importó. Para el 2002, las veleidades del 1 a 1 se terminaron y los sectores medios argentinos volvieron a veranear en las humildes playas bonaerenses.
El Padre Eduardo de la Serna es cura de la Diócesis de Quilmes y trabaja en la parroquia Jesús el Buen Pastor, de San Francisco Solano. Es profesor de Sagrada Escritura en la Facultad de Teología, y vocero de Curas de Opción Por los Pobres (OPP), un grupo de sacerdotes que se reúne desde hace años para compartir su experiencia pastoral y reflexionar sobre su trabajo evangelizador y social con los marginados. Al consultarlo sobre la clase media argentina plantea que “se percibe una actitud de escalones porque la clase media se cree, en el fondo, en el nivel cultural de poder dialogar de igual a igual con otras clases más altas. Lo cual es una falacia porque jamás ninguno de estos señores que pertenecen a clases sociales muy importantes de la Argentina van a reconocer a los sectores medios como parte suya”.
¿La lucha es una sola?
Para fines de 2001 todo indicaba que los sectores medios se encontraban con los sectores populares, dando pelea por un cambio de modelo económico. “Piquete y cacerola, la lucha es una sola” era el canto que entonaba la clase media en aquel verano de 2001. “Piquete y cacerola, la lucha es una sola” fue un emblema que sirvió solo hasta que los bancos devolvieron los ahorros acorralados. Entonces los piquetes continuaron porque las clases populares seguían pasando penurias y las cacerolas volvieron a las despensas.
“La protesta de 2001 fue ‘devuelvan los ahorros’, los de la clase media. Es decir ‘mis ahorros’. No cuestionaban el modelo económico que hizo trizas el país. El corralito de los ahorros fue la consecuencia lógica que ellos defendieron con el voto cuota. Nunca hubo una autocrítica, la clase media no se va a hacer cargo jamás de sus hechos. El tema era que le devolvieran sus ahorros, y de hecho si le hubieran devuelto los ahorros ya no irían más a la plaza y criticarían a los que seguían golpeando las puertas de los bancos”, sentencia el padre Eduardo de la Serna.
La gran derrotada
En los últimos 30 años, la clase media terminó por derrumbarse a pesar de que hoy pareciera estar en las vísperas de un posible resurgimiento. Sin embargo estos sectores no pueden borrar las marcas de este pasado. “Hoy la clase media está perforada, timorata huidiza, muy asustada, tratando de salvarse ya con prácticas que remiten a un individualismo feroz, envidiosa del poder consumo y de compra del turismo, es hoy una clase muy resentida y golpeada que en general la vida la ve a través del televisor, pero que sabe que está absolutamente dependiente del humor contestatario y transgresor de las capas más humildes y de los caprichos de la clase alta”, sentencia Alfredo Grande.
Vaivenes, contradicciones y prejuicios, que permiten afirmar que, culturalmente hablando, la más derrotada de todas las clases sociales es la clase media. Víctima de los cambios económicos, control remoto en mano, continúa siendo un misterio para las ciencias sociales: ¿seguirá despreciando a los pobres a pesar de ser hija de los inmigrantes que llegaron de Europa amontonados en barcos resquebrajados o se habrá convencido de que su cartera comprada en “la Salada” es realmente Versace? ¿Es consiente de aquello que elige o es víctima del engaño permanente?
La clase media argentina: ¿es o se hace?