Radiografía de la Pampa II
Publicado por revistapostales en Diciembre 31, 2008

postales publica la segunda parte de la serie de notas que, a partir de estudios sociológicos encarados desde la Universidad de Buenos Aires, pone a la luz los costados menos transitados de localidades ligadas al mundo rural. A continuación, cifras y análisis que recorren, con acento crítico, el esquema productivo que marca el ritmo de pueblos como Maciel, Bigand y Alcorta.
Datos y miradas
Como detalláramos en la anterior edición de esta revista, se conocen hoy los resultados de las encuestas de hogares y personas llevadas a cabo en Maciel, Bigand y Alcorta durante el segundo semestre de 2007. Tal registro, el primero en su tipo y profundidad a la hora de estudiar las localidades citadas, se enmarca en una investigación aún mayor: la que promueve el área de sociología del Instituto Gino Germani, dependiente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, bajo el título “Crisis de la agricultura familiar: impactos sociales, económicos, culturales y políticos sobre tres comunas rurales de la región pampeana”.
Más de 350 casas visitadas por cada pueblo, más de 1.000 realidades según barrios, clases e historias, muestran las caras no oficiales de las mencionadas comunidades, e interrogan sobre el esquema productivo que desde hace un par de décadas “agranda cada vez más la brecha entre ricos y pobres, al mismo tiempo que resalta la heterogeneidad”, según señalan los investigadores.
Si al decir de los especialistas, “más de 4 de cada 10 hogares de las localidades estudiadas se encuentran en situación de pobreza o en riesgo de estarlo”, vale agudizar la mirada y preguntar por el lugar y el papel que nos damos en este escenario.
Un modo de entender de dónde venimos, y fundamentalmente discutir qué proyecto de país y de región sostenemos, a partir de qué creencias y valores, a costa o en favor de quiénes, y hacia a dónde vamos.
Lo pleno no tan pleno
Durante el conflicto que de marzo a julio de 2008 enfrentó al gobierno nacional con productores y propietarios rurales, ligados más que nada a la explotación sojera y con eje en la zona pampeana, se escucharon definiciones que aseguraron que hasta el inicio del mismo, al menos en Alcorta, “había ocupación plena”.
En contraposición a ese discurso, los primeros datos de las encuestas que hoy detallamos estaban mostrando que ya a fines del año pasado el índice de ocupados plenos en Alcorta era del 59,60%, con un 36,40% de su población económicamente activa en condiciones de subocupación y un 4% de desocupados. Para traducirlo: hasta semanas antes de la protesta de chacareros, contratistas y estancieros, alrededor de 4 de cada 10 alcortenses en edad de trabajar entraban en ese espacio que aúna en la inseguridad al desempleado, el laburante en negro y el changarín. Un número que, es de presumir, seguramente se estiró con la profundización del lock-out.
Pero para no hacer hincapié en conjeturas, continuamos diciendo sobre base estadística que en Bigand la cifra de desocupación es mayor que en Alcorta, con un 7,80%, aunque menor el porcentaje de subocupación, con un 22,60%, lo que eleva la ocupación plena a casi un 70%.
Por su parte, Maciel presenta el más alto índice de desocupados, calculado en un 12,50%, con un 31,30% de subocupados y un 56,30% de ocupados plenos.
Estrictamente social
Un aspecto que en nuestros pueblos suele despertar la controversia, cuando no el prejuicio liso y llano, es el de los planes sociales, llámense éstos planes Jefes de Hogar u otros. Al momento de ir a los datos concretos, y de trazar un promedio entre Maciel, Bigand y Alcorta, los investigadores del Instituto Gino Germani afirman: “Sólo el 8% de los hogares posee al menos un miembro beneficiario de planes sociales. La comparación entre los pueblos analizados muestra que, coherentemente con la extensión de la pobreza, es en Maciel donde encontramos la mayor proporción de hogares con miembros beneficiarios de planes sociales. No obstante ello, si se relaciona el porcentaje de hogares pobres y de hogares que reciben planes sociales, se observa la presencia de una franja que no está cubierta por las políticas sociales”.
En lo específico de cada caso, las encuestas señalan que en Maciel el 11,50% de sus hogares tiene miembros receptores de planes sociales, en tanto que en Alcorta esa cifra desciende al 7,90%. Finalmente, Bigand cierra la lista con el porcentaje más bajo de hogares que perciben los mencionados beneficios, porcentaje establecido en el orden del 4,80%.
Campo de acción
Tal como planteáramos en la última edición de postales, el rol del campo en nuestras comunidades cambió notoriamente, merced al afianzamiento de políticas neoconservadoras, experimentado desde mediados de los años ‘70 a esta parte.
En ese sentido, los investigadores de la Universidad de Buenos Aires argumentan que “si se considera el peso de los ‘productores’ en el total de hogares, sólo el 12% de los hogares están integrados por productores en actividad”. Esto significa que lo que ha crecido es el número de hogares cuyos ingresos dependen, más que del trabajo propiamente dicho sobre la tierra, de alquileres o de otros tipos de contratos, multiplicados al calor del “boom sojero”.
Por lo tanto, sumando a productores y a trabajadores vinculados directamente a la actividad rural, las cifras de las encuestas establecen que, en promedio entre Maciel, Bigand y Alcorta, el 30,80% de los hogares relevados tiene ingresos agropecuarios, mientras que el 69,20% no los tiene.
Una postal más del mapa social en el que día a día nos movemos, o del que varios se cayeron y otros tantos están en riesgo de caer.